Crónicas de lo invisible, nos vemos entre Ítaca y Macondo.

Vivo en un mundo alimentado por el realismo mágico de lo cotidiano,

de lo banal y de todo aquello que nos hace humanos.

Abre paréntesis, Siéntate y tómate un café conmigo;

Quién sabe, tal vez acabemos arreglando el mundo.

He dejado de buscar atajos y excusas y me he puesto a escribir. Resido en la finísima línea entre el: soy pintora y soy escritora. No pretendo escoger entre una u otra la verdad, se vive bien en el filo de lo que podría ser.

Crónicas de lo invisible es una cita que te pido, por ahora, una vez al mes, para conocernos, tomarnos algo, relatar confesiones e historias que solo encontrarás en esta parte del mundo: Entre Ítaca y Macondo

Hola, Soy Marta Besada.

Cuando estaba en quinto de EGB supe que quería ser escritora. A día de hoy, metida en la cuarentena sé que fue la idea más certera que he tenido.

Con los años, descubrí el realismo mágico de García Márquez y mi idea de jugar con las palabras adquirió un matiz propio, y es que yo solo quería contar historias, crear mi propio Macondo y que la gente quisiese tener un pedacito de él.

Entré en la facultad de Bellas Artes buscando mi realismo mágico a través del color y el lenguaje del arte.

Salí de allí pintando el paisaje gallego que bien conocía y todo tipo de retratos; estos volaron a París y Nueva York, donde fueron expuestos haciendo saltar mi nombre más allá de las fronteras que conocía.

Con el tiempo me di cuenta que mi Macondo no estaba ahí, y lo peor de todo, no tenía ni idea de cómo encontrarlo. Así que guardé mis pinceles en un cajón y la casa dejó de oler a trementina y aceite de linaza por años.

El largo viaje a Itaca había comenzado…

Ese tiempo transcurrió entre libros, cuadernos de campo, viajes, mudanzas y una familia propia que crecía. A la edad de treinta y cuatro años rescaté parte de mis pinturas, un caballete e imágenes que reinventar. Todo fue muy pausado, temeroso y necesario.

Muchos años después, frente a mis pinceles y una paleta vacía, había de recordar aquellos tiempos en los que creía haber visto Macondo a lo lejos.

No hace mucho aprendí que aquellos años, sin las manos llenas de pintura, eran el preludio que me llevaría a entender mi viaje y a descubrir que en realidad ya estaba desde hacía mucho transitando mi camino, ese que está entre Itaca y Macondo

Este es un espacio por el que puedes transitar gratuitamente, como la playa o la montaña.

Nos veremos una vez al mes.

Te advierto que por aquí habrá mucho tema y no únicamente de pintura porque no solo del arte vive el hombre, te lo aseguro.

En el momento en el que no quieras seguir transitando conmigo esta morada puedes irte y cerrar la puerta o darme un hasta luego sin remordimientos.

Esta no es solo una newsletter; es un billete a un mundo donde las historias y el arte cobran vida.

Entre Ítaca y Macondo hay un rincón que guarda historias, reflexiones y secretos del realismo mágico que nos envuelve cada día. Allí nos encontramos una vez al mes para explorar lo invisible y lo humano. 

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